Los medios se hacían eco esta madrugada del incidente protagonizado por un grupo indígena guaraní de la Amazonia brasileña. El pueblo en cuestión ha irrumpido en un centro de salud de la Funasa (Fundación Nacional de la Salud) en Sao Paulo, reclamando mejoras en la atención sanitaria para los indígenas.
En principio, tomaron como rehenes a más de una treintena de empleados del centro aunque, posteriormente, el número de retenidos se redujo a cinco. Sus intenciones no fueron, en ningún momento, maliciosas, tal y como defendía el propio líder indígena: “No vamos a maltratar a nadie, pero se quedarán aquí mientras no nos hagan atención las autoridades sanitarias”.
Finalmente, el incidente terminó con la liberación de todos los rehenes ante la dimisión de Rezek, el coordinador regional de Funasa.
El pueblo guaraní fue uno de los primeros en ser contactado por los europeos cuando llegaron a América hace 500 años. Se trata de un pueblo de gran carácter espiritual y muy unido a la tierra, a la que consideran el origen de la vida.
Esas tierras que veneran son continuamente invadidas por terratenientes en busca de riqueza. La pérdida progresiva de su bien más preciado, la tierra, ha derivado en una oleada masiva de suicidios.
“Esto que ves aquí es mi vida, mi alma. Si me separas de esta tierra, me quitas la vida”, Marcos Veron, líder guaraní asesinado en 2003 por los empleados de un rico terrateniente brasileño.








Como hemos dicho, las nuevas generaciones son las que están acelerando ese proceso reformador de la prensa. Sin embargo, también es cada vez más evidente la creciente