Changes

Nadie puede predecir las transformaciones que sufrirá la tecnología de aquí a unos pocos años. De hecho, tampoco nadie años atrás habría podido imaginar el desarrollo tecnológico de hoy en día. De la misma forma, nadie puede alterar el futuro fluir tecnológico, por más que, en ocasiones, nos empeñemos en controlar lo incontrolable. Resistirse al cambio es resistirse a la esencia que conforma la propia Historia. No en vano, los cambios son inherentes a todo proceso histórico y, sin ellos, no existiría el mundo tal y como hoy lo conocemos. Por supuesto, esto no quiere decir que cambiar sea siempre sinónimo de avanzar. Prueba de ello la encontramos en los cambios ideológicos, sociales y económicos acontecidos durante la Edad Media, que, lejos de suponer un paso hacia adelante, supusieron un retroceso generalizado. Sin embargo, tampoco sin esa clase de cambios la humanidad sería lo que es, para bien y para mal.

Esta más que obvia reflexión no es sino una excusa para introducir el tema del supuesto fin del periodismo, comentado por muchos y temido por otros tantos. El periodismo actual es sólo una fase de un proceso mucho más amplio. Dar por hecho que esta clase de periodismo es El Periodismo es una muestra de soberbia, etnocentrismo e ignorancia. Los primeros textos de los que tenemos constancia tenían ya mucho de periodístico; aportaban datos informativos y tenían una clara finalidad de difusión. Por supuesto, no se aprecia en ellos el mismo estilo periodístico que podemos ver hoy en los periódicos. Del mismo modo, tampoco los textos futuros tendrán el mismo estilo periodístico que los actuales, pero el espíritu comunicativo que sustenta a todo texto es inagotable.

Internet se perfila como el soporte en el que el futuro tecnológico (no sólo el periodístico) se desenvolverá. Mediante una asociación perversa y demagógica, Internet es vista, por ello, como una amenaza para el periodismo. Si lo que entendemos por periodismo es empresas periodísticas actuales, es probable que sí suponga una amenaza. Está claro que las empresas tienen un nacimiento y que, cuando quedan obsoletas, mueren; ¿pero es eso realmente “malo”?

El periodismo seguirá existiendo mientras haya hechos de interés para el ciudadano y gente que los narre. Que Le Monde, The Times o El País desaparezcan debido a su inadaptabilidad en la sociedad de mañana no implica que el periodismo y el periodista vayan a desaparecer con ellos. La prensa, si quiere subsistir, deberá adaptarse y ofrecer algo a los lectores que Internet no sea capaz de ofrecerles. Siempre habrá nostálgicos que ansíen palpar la información en hoja de papel, pero, tarde o temprano, la comodidad de Internet y sus innumerables ventajas acabarían imponiéndose. En ese caso, aparecería un nuevo mundo de posibilidades para el periodista más allá de los límites marcados por el periódico. El precio que habría que pagar por ello es, según muchos, más elevado que el beneficio derivado. Si el cambio supone, en este caso, un progreso o un retroceso es, todavía hoy, una incógnita que se irá despejando con el transcurrir de los años.

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~ por embajadora en 14 febrero 2009.

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