Marta y el morbo

Marta del Castillo era, hace sólo unos días, un nombre cualquiera; hoy, sin embargo, es todo un símbolo nacional. A estas alturas, sobra explicar quién es Marta, al igual que sobra profundizar en los pormenores de su caso. Como los mártires que con su muerte logran trascender en las vidas de otros, de la misma manera, Marta del Castillo ha creado una especie de comunión del pueblo que va más allá de la lógica. Para encontrar una prueba de ello, no hace falta nada más que asomarse a esa cada vez más concurrida red social denominada Tuenti. En ella, miles y miles de jóvenes plasman su pesar por el asesinato de la chica recurriendo, muchas veces, a la elaboración de poemas de discutible gusto artístico. Tampoco escasean las fotos pasadas por Photoshop en las que podemos ver, por ejemplo, una gran bandera española junto al retrato de la susodicha o a Marta transformada en ángel.

Los medios, sobre todo la televisión, han colaborado muy activamente en la conversión de su muerte en símbolo-espectáculo. Si bien es cierto que eso ya no debería sorprendernos (sobre todo por parte de algunas cadenas concretas -véase vídeo adjunto-), no puede dejar de indignarnos que la falta de escrúpulos siga siendo la tónica general televisiva. Esa capacidad para frivolizar de la que hacen gala es, sin embargo, y por triste que sea, lo que repercute en el aumento de audiencia. Esos mismos jóvenes que hacen eventos en Tuenti llamando al odio contra el presunto asesino de Marta, esos mismos, son quienes propician la existencia de programas de televisión de esa calaña. Son, en mi opinión, dos los factores que mueven este circo mediático: el ánimo de lucro y el morbo por el morbo. Mientras siga habiendo gente ansiosa de noticias-chismorreo, seguirá habiendo excusas para que los directivos de las cadenas se lucren a base de escupir programas basura.

El caso de Marta del Castillo también podría suscitar un importante interrogante: ¿es su caso un asunto de interés general? Es decir, los medios deben ofrecer al ciudadano noticias que le afecten, que le sean cercanas, que le interesen; y ¿hasta qué punto cumple el caso de Marta con esos preceptos? Bajo mi punto de vista, el asesinato de esa chica afecta a su familia, a sus amigos y, en todo caso, a las autoridades; a partir de ahí, todo lo demás es hacer de su muerte un show mediático. Los asesinatos, y las noticias de sucesos en general, han convertido a personas anónimas (llámense Marta del Castillo, Madeleine McCann o Rocío Wanninkhof) en personajes estrella, incluso, de los informativos más rigurosos.

Los medios han hecho centrar nuestra atención en su nueva víctima, que no será abandonada hasta que se haya exprimido todo su jugo. Cuando no quede nada, será el momento de elegir otro foco de atención con el que pretender conmover a las masas. Conmover con lo banal es, de hecho, lo que prima en este país. Fácilmente olvidamos las desgracias que día a día se suceden en el mundo. Desgracias que afectan a miles de personas. Enfermos y muertos que no tienen voz en los medios y que, por tanto, no tienen repercusión alguna. ¿Por qué Marta sí pero ellos no? Como contestaría Quevedo, “poderoso caballero es don Dinero”.

Fuentes: elpais.com, elmundo.es, wikipedia.org, youtube.com, telecinco.es

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~ por embajadora en 23 febrero 2009.

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